Una mochila de creencias heredadas

Llevo una mochila que pesa en mi espalada. Una mochila de creencias heredadas.

Y sin quererlo conscientemente, voy expandiendo esas creencias a mi hijo a nivel directo y a toda la humanidad a niveles más sutiles.

El peso me produce dolor en el cuerpo, malestar y carga interna.

A veces, de vez en cuando, lo puedo apoyar sobre algo o sobre alguien y ya no pesa tanto, o al menos lo noto menos. Pero todo cambia, y en algún momento vuelvo a quedarme sola ellas.

Cuando veo a otros con sus mochilas, queriendo también hacer esas creencias conscientes,

surge el humor y la risa, hasta cuándo seguiremos cargando con esto. Igual nos creemos un día que soltamos todas las piedras y que «somos libres», pero esas han sido las que veíamos, y hay más escondidas. Ahí está la vida, la realidad, para darnos las pistas para verlas y seguir soltando.

Hay quien no tiene su mochila visible,

no sabe que tiene creencias heredadas, piensa que lo que ve es lo que es. Ahora sé que para mí tiene sentido NO interferir, no querer que la vea, no necesitar sacarle piedras para que cargue menos. Si le interesa algún día, quizás me pregunte y entonces ahí surgirá la respuesta correcta, la que sea, para la evolución de ambos y de todos.

Me propongo desde ya no seguir forzando, lo más fácil es dejarlas aquí y ahora.

Una vez vistas, no lo veo sentido a seguir cargando con ellas. Les agradezco y las suelto, sembrando encima la conciencia de quién soy realmente, y ese propósito de ver la realidad tal como es y no a través de las creencias heredadas.

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