Sin distancia y sin recuerdo en las arenas de esta soledad

Nunca había llorado tanto con una película como cuando vi, justo antes de venirme de Cuba a España en el 2005, la película Habana Blues. Para mí representaba el sufrimiento que causa la separación de las familias en el país donde nací, casi siempre por motivos económicos o/y políticos.

Yo me fui de Cuba porque quería vivir una aventura diferente.
¿Qué es lo peor que me puede pasar? – me pregunté. Pues que tenga que regresar. Y como ya estoy aquí… Pues no es tan grave. Así que me voy.

En ese momento esta canción que estoy escuchando ahora me producía una profunda tristeza. Te dejo el vídeo donde la cantan en la película:

Y mira tú… la he vuelto a ver y he vuelto a llorar…

Pero hay una gran diferencia y por eso te estoy escribiendo este artículo. Porque quizás tú estés sintiendo que te hundes en las arenas de tu soledad. Y lo que hoy quiero es acompañarte a que puedas mirar desde otro lugar ese dolor profundo, o ese sufrimiento que puede causar la gran sensación de vacío, que yo durante tantos años sentí.

Cuando nos sentimos solos, vacíos, casi siempre queremos ir corriendo a llenarlo con algo: relaciones, comida, alcohol, drogas, películas, vídeos, libros. Cualquier cosa sirve para distraernos de esa «dura realidad». ¿Te ha pasado? ¿Eres consciente de que quieres mirar a otro lado cuando ha una profunda sensación de vacío en ti?

Mi experiencia con la soledad

He pasado varias veces por ahí. Al principio de venirme de Cuba, con 22 años, fue la primera vez que lo sentí tan intenso. Pero me era muy fácil distraerme. Madrid me regalaba sus mejores galas y mis relaciones personales e íntimas eran geniales.

Luego en Denia pasé por una segunda fase, cuando me separé de Dani, mi pareja de ese momento. Me fui a vivir a una casita cerca de la montaña, ¡hermosa!, ¡y sin vecinos!, que me sirvió de cueva porque ya yo quería empezar a mirar hacia dentro.

Y aunque mi mente se ocupaba de otras cosas importantes para mí, como sobrevivir (había dejado todo el tema de informática y solo me dedicaba a dar clases de yoga), dedicaba unas tres horas al día a practicar yoga, respiración, meditación…

Y pasó el tiempo y nuevas personas llegaron a mi vida, Adi (mi hijo), mi madre que nos acompaña otra vez, Fer… Pero esto no ha significado que alguna vez no vuelva a surgir ese encuentro con el Vacío.

La diferencia es que ahora no lo rechazo, lo aprovecho. Ahora todas mis prácticas de yoga, meditación, respiración, no las uso como salvamento. Esas prácticas me sirven para cuando «estoy bien», prepararme para los momentos «duros». Pero una vez en el momento de estar de frente ese vacío y yo, no hago otra cosa que entregarme por completo, rendirme a lo que es, «sin distancia y sin recuerdo en las arenas de esta soledad». Sin futuro y sin pasado, de lleno en el presente, en lo que estoy viviendo. Con una confianza total. No en «mí», sino en la existencia tal y como es.

Para mí es certeza que las cosas suceden con un propósito de trasfondo, y es que podamos expandir la conciencia. Que nos conozcamos. Que nos liberemos.
Si lo aprovechamos, claro…

«Y cierro los ojos, solo para comprender
Cuánto aguanta un corazón sin el latido de creer»

Y sí, se puede ver esto como una creencia, como un mito más en el cual me aferro. Pero es uno que me funciona. Los demás me hacían sufrir. Este me ayuda a conocerme. Por eso a mi personalidad le da tristeza esa frase de antes… «cuánto aguanta un corazón sin el latido de creer». Porque sé que cuando he vivido esa soledad otras veces no ha habido una referencia a la cual dirigirme y todo se ha derrumbado en sufrimiento ante mí.

La realidad es mi maestra

Ahora, cuando observo el sufrimiento, me llega esa certeza, esa confianza en que la realidad es mi maestra. Ese deseo ardiente de ver las cosas como son realmente, de conocer la VERDAD. Me vuelvo a dar cuenta que no soy este cuerpo, estas emociones, esta mente. Pero no me escondo. Vivo todo lo que el presente me trae. La diferencia es esa consciencia de trasfondo… Y algo muy grande cambia.

Esto es Yoga Autorreferente. Darme cuenta que está en mí la posibilidad de elegir desde dónde vivir. Observar cómo percibo, de dónde vienen mis interpretaciones, cómo funciona mi sistema de creencias…

«Que nunca alcanzó esa Luz,
Tan confundida en el placer»

No tengo ni idea de en qué estaría pensando el autor de la canción cuando escribió estas líneas… Pero el significado que yo le doy ahora es muy diferente a lo que pude haber interpretado antes. Es la diferencia entre vivir la vida dejándome arrastrar por los deseos del Ego, o en cambio, observando el Ego desde la Luz del Ser.

Parece un poco loco esto… Pero ¿me crees si te digo que he vuelto a escuchar la canción, he vuelto a llorar, a sentir tristeza, pena por estar tan lejos de mi familia?… Y a la vez esa certeza de fondo de que esta realidad, que sin duda alguna he elegido yo (por mucho que mi mente diga que si la economía o la política), es la que tiene el potencial de enseñarme lo que tengo que aprender. Simplemente porque ES MI PRESENTE. Es mi regalo.

¿El tuyo cuál es?

Namaste, corazón.
Naylín

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  • lizandra dice:

    que emocion que yo pueda llegar a ese estado de paz…