Comunicación más allá de la forma

Ellos fueron llegando poco a poco. Los acompañantes los iban dejando en círculo, como les pedí y se quedaban detrás. Me iba acercando uno a uno, presentándome, agradeciéndoles por estar allí y recordándoles que si en algún momento querían irse, que lo informaran.

También le recordé a los acompañantes lo que ya les había dicho previamente: mi propósito es que cada uno sea como es. No me molestan los gritos, los movimientos. Si necesito su ayuda la pediré, si no, por favor, no intervenir. Y que si querían ser parte de la clase, hacer los ejercicios propuestos, que eran bienvenidos. La clase era para todos por igual.

No había llevado nada preparado. Ya no lo hago. Prefiero ponerme disponible en ese instante a captar lo que para todos es lo más provechoso.

Cogí el cuenco y fui pasando el sonido uno por uno, no sin antes preguntarles si lo querían escuchar. Algunos quisieron coger el palo del cuenco y sus manos le permitían hacerlo, y lo hicieron sonar. Una chica lo tocó muy fuerte según mi percepción, y fue una oportunidad para plantearme qué hacer. ¿Era un límite para mí? No. ¿Molestaba a los demás? Les pregunté, y el único que hablaba del grupo dijo, a su forma, que sí.

Hablé Sonia, y le dije que a Antonio le molestaba el sonido tan alto. Soltó el palo, y seguimos. De vez en cuando ella cantaba, con un ritmo y una voz que me parecieron hermosas, se lo dije. Varias veces su acompañante le pidió que no lo hiciera. Yo le recordé lo que dije al principio. Pero la chica no llegó al final de la clase. Para alguien era ya su límite y sin comentar nada, se la llevaron. Oportunidad para mí de aceptar lo que me ocurría al ver eso, y de aceptar a la persona que decidió que eso era lo mejor.

Con el cuenco pude acercarme un poco a ellos, e ir percibiendo hasta dónde querían que llegara, al menos en ese momento. Observaba sus expresiones, sus movimientos, sentía su cuerpo que se abría o se cerraba con mi presencia.

Luego expliqué un ejercicio, el de la respiración abdominal. Hice la similitud del globo que se infla al inhalar, y se desinfla al exhalar. Y fui pasando uno a uno, preguntándoles si podía poner mi mano en su abdomen para sentir su respiración. En todos los que sentí apertura lo hice, y percibía que iban cayendo las barreras de defensa ante lo nuevo, para quien las tenía (también para mí).

Con mucho cariño y respeto le expliqué el ejercicio a Sofía, una de las chicas, que observaba en su rostro que prefería que no me acercara tanto. Los movimientos de su tronco y su cabeza eran rápidos, aguantada por la silla de ruedas, que la sostenía. Mirarla suavemente no le causó rechazo. Y poco a poco vi que su expresión se transformaba.

Para la relajación, tres personas se tumbaron sobre la esterilla, los demás se quedaron en la silla. Al principio, el movimiento del cuerpo y de los ojos de los que se habían tumbado era constante. Luego se fue haciendo menos, hasta que dejaron de moverse, y uno de ellos se durmió.

Fui mencionando cada parte del cuerpo, proponiendo que la relajaran. Iba sonando el cuenco, mi voz era suave. Percibí también suavidad en los acompañantes, menos resistencia.

Luego fui uno por uno, compartiéndoles mi profundo agradecimiento, e invitándoles a volver si querían, la próxima vez. A la que estuvo todo el tiempo dormida en su silla también se lo dije, a quien sonreía, a quien gemía, a quien me cogió de las manos con las suyas suaves, a quien me agarró fuerte del pelo, a quien parecía que su rostro no reflejaba expresión, a los que me habían dicho que no entendían / no escuchaban / no veían…

La comunicación se estableció desde un lugar diferente. Estaba muy presente una parte de mí que percibe desde la neutralidad, y que sabe que no somos este cuerpo y esta mente. Sí percibí comunicación todo el tiempo. Con cada uno, y con ese espacio vacío que lo contiene todo.

2 comentarios en “Comunicación más allá de la forma”

  1. Tremenda experiencia que sacó lágrimas a mis ojos. Sin duda para esos seres hay un antes y un después, luego de haber compartido este encuentro. Lo único que espero es que se repita muchas, muchas veces, y que para los acompañantes de esas personas especiales, también sea de provecho. Gracias por existir.

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