Carta a mi amiga que «está de lunes»

Es lunes por la tarde, y te sientes cansada. Y el pensamiento de que «solo es lunes» te produce más cansancio.

Sales agotada del trabajo, y el solo hecho de recordar todo lo que tienes que hacer en casa, hace que el ánimo decaiga más aún. Casi que no quieres llegar. Y claro que quieres a los que están allí. Pero estás cansada…

El cansancio no es solo físico, y la raíz es profunda.

Observar sin juicio.

Quedarte en silencio, permitiendo que la mente vomite todo lo que tiene dentro y que desea ser atendido. Observar el juicio, sin juicio. Quizás después de un rato ya no hay tanta queja, y surgen cosas más profundas, vas viendo la raíz de todo.

Y aunque sabes qué es eso que más te agota, no sabes por dónde tirar. Por eso me has preguntado qué hacer.

No sé qué esperas que te diga.

Ya eres consciente de por dónde se te va la energía y qué te recarga, sabes que lo puedes hacer para sentirte mejor, pero no lo haces.

Has visto incluso cuáles son los patrones y condicionamientos que te hacen seguir haciendo las cosas de esa forma.

Recuerdo el día en que me contaste que tu padre cuando eras joven te dijo que aunque no te gustara ese trabajo y te sintieras explotada, que aguantaras. Y no es que no te guste tu trabajo actual, pero no hay un gran entusiasmo en ti, ni para trabajar ni para casi nada. Y ahí estás, aguantando.

Sabes que el problema no es el trabajo, no es tu familia, no es nada de fuera que puedas nombrar. Ya vas viendo cada vez con más claridad que hay algo dentro de ti que se siente insatisfecho. Y con esas gafas condicionadas miras todo lo que haces en tu día a día. Por lo que a veces más, a veces menos, hay pinceladas de insatisfacción en lo que ves.

Meditación

Solo me viene decirte que si te resuena, decidas con conciencia tomar espacio para ir despacio. Que te tomes momentos en tu día para no hacer nada, que le des vacaciones a la mente y al cuerpo y que vayas entrenando así al observador neutro del que te he hablado antes.

Sentarte sin objetivos, sin metas, simplemente en silencio, sin expectativas. Observando los pensamientos, las sensaciones corporales, las percepciones sensoriales, todo lo que es, sin juzgarlo ni etiquetarlo.

Y permitir que la mente piense, que el cuerpo duela, que sientas, escuches, veas, sin querer cambiar nada, ni lo que ves ni al que ve. Sin mantener una postura incómoda, sin obligarte a estar 15 minutos o 30 y pasarte todo el rato mirando el reloj.

Siéntate como si estuvieras en la playa, un día que no hay ni mucho frío ni mucho calor. Dale vacaciones al cuerpo y a la mente. Y simplemente contempla lo que es.

Y sí, si te apetece, quedamos y me cuentas. O me dejas un comentario debajo. Tú, o cualquier otra persona que llegue a leer esto y también lo quiera compartir.

Un abrazo, corazón.

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