Vichara: La autoindagación del ser

El autoconocimiento o autoindagación desde el punto de vista de la Ciencia del Yoga, conlleva la firme proposición de buscar la más pura esencia del Ser Humano, lo más interno, el YO más verdadero o la Verdad de mí mismo y por tanto, también de todo cuanto existe. Frases como: “¿Qué es aquello que una vez conocido, todo se conoce?” – “Hombre, conócete y conocerás el Universo”, indican que hay algo en nosotros, en todos nosotros y en todo cuanto existe que ES LO MISMO y que puede ser conocido. Es más, eso, el conocimiento de ESO y su realización, es decir, convertirlo en la Realidad de mi vida, constituye mi más Sagrado Deber o Suddha Dharma en todo tiempo y lugar, y para todos los seres.

Vichara: La autoindagación del ser
Vichara: La autoindagación del ser

No es fácil sin embargo ese empeño. Las múltiples “capas” de nuestra personalidad o EGO, a modo de capas de cebolla, si se me permite la expresión, ocultan nuestra verdadera esencia, la Verdad de nosotros mismos y de todo cuanto existe. La personalidad que se ha ido forjando a lo largo de esta vida con las múltiples experiencias que hemos tenido la oportunidad de vivir, más los “samskaras” o tendencias que hayamos traído a esta vida, hará que nos identifiquemos con lo que nuestra mente piensa, con lo que nuestra emotividad siente, o con lo que nuestro cuerpo físico es capaz de hacer o nos limita… Pero NO es eso lo que somos, eso es lo que tenemos; lo que tenemos para pensar, sentir o hacer lo que sea que hagamos en nuestra vida.

¿Y cómo hacemos para acercarnos a eso que es nuestra verdadera esencia y cómo lo vamos a distinguir de lo que es nuestra personalidad, nuestro EGO? Pues vamos a empezar por usar nuestra inteligencia y poder de razonar para acercarnos al menos intelectualmente a esa verdadera esencia de todo cuanto existe. Luego, será cuestión de ir viviendo la experiencia de la vida con ese planteamiento y que sea la propia vida la que permita comprender lo que eso significa, lo que ESO es en ti, para que puedas vivir la experiencia de la vida desde ahí y no desde el ego y la egoicidad. Vamos a utilizar como hipótesis de trabajo el siguiente razonamiento:
La Verdad o la Esencia es aquello que no cambia, que siempre es lo mismo, y que es eterno, no nace ni muere; y la no-verdad, la forma, es aquello que cambia constantemente, que aparece y desaparece, se transforma y tiene principio y fin.

Llegados a este punto, lo mejor será ponernos a prueba y hacer una práctica. Vamos a hacer VICHARA. Esta práctica está basada en las enseñanzas de Ramana Maharsi y más que un ejercicio o una técnica para practicarla de vez en cuando (aunque hay talleres en que se trabaja intensamente, durante horas, con esta técnica…), debería convertirse en una “actitud” de autoindagación, de autoobservación, de reflexión constante en el significado de esta práctica y por lo tanto de tu propia vida…

Práctica de Vichara

1- Siéntate con la espalda derecha pero sin tensión y cierra los ojos. Respira profundamente, con suavidad, creando un espacio de paz interior en el que puedas sumergirte en una experiencia de observación, de reflexión, de consciencia.

  • Imagina que estás frente a una gran pantalla blanca y sobre esa pantalla en tu mente, vas a proyectar diferentes imágenes que se corresponden con diferentes experiencias de tu vida en distintos momentos.
    Bucea en tu memoria, y para buscar recuerdos, vas a regresar a los primeros años de tu vida. Recuerda cuando tenías apenas pocos meses o algún año de vida, rescata algún recuerdo de aquel momento en el que apenas te podías mover, quizás gateando, o los primeros pasos que diste. Trata de encontrar una “foto”, una imagen de aquel momento que recuerdes y coloca esa imagen en la margen superior izquierda de esa pantalla blanca que has puesto en tu mente, y contémplala unos instantes.

  • Salta de nuevo hacia atrás en el tiempo para bucear en los recuerdos y busca una experiencia del tengas memoria hacia la edad de los 7 años. Observa que tu cuerpo ya no es el mismo, que puede hacer muchas más cosas, que se mueve libremente y juega con todo. Busca una imagen de esta experiencia y colócala al lado derecho de la otra imagen en la pantalla de tu mente. Obsérvala unos instantes.
    Busca de nuevo en tus recuerdos de cuando tenías más o menos unos 14 años. Tu cuerpo ya presenta las características de hombre o mujer bien definidos, es capaz de hacer muchas más cosas aún. Rescata una imagen tuya de esa edad y colócala también al lado derecho de las otras, en la parte superior de la pantalla de tu mente, y obsérvala unos instantes.

  • Salta ahora a la edad de los 21 años, más o menos, con el cuerpo ya bien desarrollado, de persona adulta, hombre o mujer, con todo su potencial, busca una imagen tuya de esa edad y colócala también al lado derecho de las otras para contemplarla también unos instantes.

  • Y finalmente, coloca en la pantalla de tu mente, en el ángulo superior derecho, una imagen tuya de estos momentos, de persona madura en que quizás las condiciones físicas de tu cuerpo no sean las de antes… Obsérvala unos instantes y ahora mira en conjunto todas esas imágenes de tu cuerpo a lo largo de tu vida que has colocado en la parte superior de la pantalla de tu mente.
    Observa cómo tu cuerpo ha ido cambiando, cómo tu cuerpo de ahora apenas tiene que ver con aquel cuerpo pequeño que tenías al principio. Cómo sus características y posibilidades ha ido cambiando, su forma incluso, aunque descubras rasgos semejantes. Sin embargo en todas esas imágenes hay algo que es común a todas ellas: TÚ. Tú has estado en aquel cuerpo pequeñito que apenas se valía de sí mismo, en aquel otro en que empezaban a aparecer los rasgos de tu masculinidad o de tu feminidad, o en este otro actual en el que las “condiciones de vida” seguramente han cambiado. Pero en todos esos cuerpos tú estabas ahí, siendo el mismo SER. Incluso si te hubieran cortado una pierna o hubieras perdido una mano, tú seguirías siendo tú igual en ese cuerpo mutilado; eso sí, en unas condiciones de vida distintas…

2- Bien, seguimos buceando en los recuerdos. Salta en el tiempo otra vez a los primeros años de tu vida y rescata un momento en el recuerdes alguna primera emoción intensa, en los primeros años de tu vida. Quizás una inmensa alegría como cuando un niño se siente feliz o la tristeza del abandono, o el miedo por algo que tú lo vives como una amenaza. Busca una imagen que se corresponda a ese momento-emoción y coloca esa imagen en la margen izquierda de la pantalla de tu mente a media altura. Observa esa imagen unos instantes.

  • Busca de nuevo en tus recuerdos, ahora alrededor de los 7 años, para rescatar una sensación, una emoción intensa que tuvieras en aquella época en la que empezabas a descubrir el mundo como un/a niño/a. Los juegos compartidos, las primeras relaciones fuera del hogar, el cole, la calle, seguramente habrán hecho que tus emotividad se haya más intensa. Busca una imagen que se corresponda co alguna experiencia que te sobrecogiera, te impresionara especialmente en esa época y coloca esa imagen al lado derecho de la imagen anterior. Obsérvala unos instantes.

  • Salta de nuevo en el tiempo, ahora a la adolescencia, puede ser hacia los 14 años, y busca también en esta época una experiencia que te hiciera vivir intensamente alguna emoción especial. Quizás el primer enamoramiento, o la primera gran frustración o desilusión. Quizás el primer sentimiento de pérdida intenso por haber fallecido alguien cercano… Coloca la imagen que se corresponda con esa experiencia al lado derecho de la otra imagen. Obsérvala también unos instantes.

  • Recuerda ahora algo que vivieras intensamente cuando llegaste a los 21 años más o menos, cuando siendo ya un hombre o mujer hecho y derecho te encontraste con esa experiencia que dejó una gran huella en ti. Recuerda lo que sentiste y coloca la imagen que se corresponda a ese momento, al lado derecho de la foto anterior. Obsérvala también unos instantes.

  • Finalmente para esta línea de imágenes, busca algo que te haya emocionado intensamente los últimos días, quizás la gratitud de haber encontrado una persona amiga, el miedo por ver cómo de rápido se va la vida, o la felicidad serena que la comprensión de las cosas te va dando… Coloca una imagen que se corresponda a eso que sientes en el margen derecho de esa pantalla de tu mente a media altura. Contémplala unos instantes…, y ahora mira todas esas imágenes que has puesto a media altura en la pantalla de tu mente, observando detenidamente las distintas emociones y sentimientos que has vivido a lo largo de tu vida, a veces incluso contradictorios. Observa que sea lo que fuera que sentías, TÚ estabas ahí, sintiendo a través de tu cuerpo emocional eso que se desataba en tu vida… Distintos sentimientos o emociones, un mismo protagonista en el sentir de todas esas cosas…

3- Ahora vas a hacer lo mismo con tus pensamientos. Busca en tus recuerdos la primera imagen que se corresponda a algo que pensaras y que lo identifiques como un pensamiento tuyo. Coloca esa imagen abajo en la parte izquierda de la pantalla de tu mente y obsérvala unos instantes.
Salta de nuevo en el tiempo hasta que recuerdes qué idea tenías en la adolescencia sobre cualquier cosa (tus padres, la vida, tú mismo/a) y coloca una imagen que se corresponda con ese pensamiento o esa idea de las cosas al lado derecho de la otra imagen que acabas de poner en la pantalla de tu mente. Obsérvala también unos instantes.

  • Recuerda ahora algo que te hiciera pensar sobre cualquier tema cuando te convertiste en un/a joven “que ya lo sabía todo” y que iba en contra de todo o que quizás se conformaba con lo que había y le parecía bien… Coloca una imagen que se corresponda con ese tipo de pensamiento y colócala a lado derecho de las otras imágenes en la parte inferior de la pantalla de tu mente.

  • Buscas ahora un recuerdo de cuando te convertiste en una persona adulta, viendo cómo muchas de las cosas que te habían dicho y contra las que te habías rebelado eran ciertas, o averiguando cuánto han cambiado las cosas desde que eras pequeño/a. Coloca una imagen que se corresponda a algún pensamiento de esa época de tu vida, la lado derecho de las otras.

  • Y ahora trata de plasmar en una imagen lo que piensas acerca de alguna cosa importante para ti, cómo va la vida, lo que piensas de ti y el mundo, etc. Coloca finalmente esa imagen en la parte inferior derecha de la pantalla de tu mente para observarla unos instantes y enseguida mira qué diferentes tipos de pensamientos ha pensado tu mente a lo largo de esta vida, qué ideales tan contradictorios incluso has perseguido (quizás lo que en un momento era lo más importantes para ti, ahora te da la risa…). Distintos, muy distintos pensamientos, pero un mismo “observador” de esos pensamientos…

  • Observa ahora todas esas imágenes que has proyectado sobre la pantalla de tu mente. Obsérvalas con detenimiento, mira qué cuerpos tan distintos, qué emociones y sentimientos tan diferentes y qué pensamientos tan contradictorios incluso has alimentado en tu vida. Y sin embargo, hay algo común en todas esas proyecciones, algo que identificas como YO, el verdadero YO, lo que en todo ese tiempo, en todas esas circunstancias nos ha cambiado, ha sido lo mismo todo el tiempo, el mismo YO. YO he estado siempre ahí, YO he sido siempre LO mismo, solo han cambiado las circunstancias y los cuerpos (físico, emocional y mental) que me permitían vivir esas experiencias, pero YO siempre he sido YO, no he sido mi hermano, ni mi amigo ni el vecino…, he sido siempre YO MISMO!!!

Ahora observa, ¿QUIÉN SOY YO? Quién es ese o ESO que está “viendo” la pantalla de la mente llena de imágenes y haciendo reflexiones sobre su identidad? ¿QUIÉN SOY YO? ¿QUIÉN SOY YO?

¿QUIÉÉÉN SSOOOOYYYY YYYOOOOOO???????

Quién es ese que está ahí observando, dándose cuenta, haciéndose consciente de lo que está siendo mi propia vida, ¿Quién soy YO? ¿Qué es eso que está detrás de todo, viviendo las experiencias de la vida a través de los cuerpos y sacando el aprendizaje que me va haciendo evolucionar? ¿Quién soy YO? ¿Qué es eso que está ahí y que tiene la facultad de darse cuenta, de hacerse “consciente”? ¿Será acaso la CONCIENCIA?, ¿el Conocedor Interno, el Testigo Interno, el Yo Verdadero? ¿Eso que en los textos de Yoga se llama el ATMAN y que lo podemos descubrir como Alma o el Espíritu en nosotros, en cada uno de nosotros? Observa, reflexiona, date cuenta, hazte consciente de eso que está y ha estado siempre ahí siendo YO MISMO, aunque la mente estuviera distraída con las cosas del mundo, o preocupada con tantas y tantas cosas…

Trata de estar siempre identificado/a con eso, la Conciencia, nuestra más pura esencia, lo que de divino hay en nosotros. Eso es “Purusha”, Espíritu Universal, individualizado en cada uno de nosotros, convertido en “Atman”. Ahí somos hermanos, hijos (Atman) del mismo Padre (Purusha), y si fuéramos más conscientes de esto más tiempo, seríamos capaces de ver en el otro, en los demás, a nosotros mismos, a Dios mismo, y nuestra agresividad y violencia alimentada por la egoicidad, por la ignorancia de la Verdad, tenderían a desaparecer. ¿Cómo voy a hacer daño a alguien si es hacérmelo a mí mismo? ¿Cómo voy a abusar o engañar a los demás si es hacérmelo a mí mismo? ¿Cómo voy a sacrificar “gratuitamente” la vida de los demás seres (animales, plantas, minerales) si son YO MISMO?

Bien, pues hasta aquí la exposición o pequeña explicación de lo que significa “Vichara” como práctica de autoindagación. Espero que recuerdes que no se trata de hacerlo como una técnica más durante unos minutos, más o menos veces, sino que se trata de toda una “actitud” de vida, de búsqueda interior, de trabajo serio, constante, paciente. Serio pero no triste. La alegría que surge del descubrimiento de lo que verdaderamente SOY es de naturaleza espiritual, porque soy Espíritu. Es de la naturaleza de Sat-Chid-Ananda (Vida-Conciencia-Bienaventuranza). Ananda= Dicha Absoluta, más allá de la alegría que depende de las cosas o situaciones que nos rodean… Esa alegría serena, que surge de lo más profundo de nosotros mismos, no depende de lo que ocurre fuera. Solo depende del trabajo que haga yo conmigo mismo.

QUE SEAS FELIZ AYUDANDO A TODOS LOS SERES.

Kailas

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  • Maite
    Maite dice:

    Hola!
    Muchas gracias por toda la información que nos transmites.
    Voy a comenzar la practica muy pronto, pero tengo una duda,.
    Sufro una rotura parcial del tendon supraespinoso y no se si el yoga me ayudara o empeorara mi lesion.
    Puedes informarme?
    Muchas gracias!

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