¿Casualidad o causalidad?

Tengo el placer de compartir contigo este artículo que nuestro amigo Xarles (Conferenciante, Coach, Motivador y Creador de la Fórmula del Optimismo) ha escrito con amor, para esta gran Familia de Yogaesmas. ¡Que lo disfrutes!

He ahí la cuestión. Te has parado alguna vez a pensar ¿de qué bando eres?

Hasta el día de hoy me he encontrado en mi camino diferentes respuestas. Hay personas que lo tienen muy claro y defienden la causalidad.

Otras, que también lo tienen claro, apuestan por la casualidad. Y luego hay otro grupo que es el que más me he encontrado: los que dicen que creen en la causalidad pero que para ciertas cosas sí creen en la casualidad. Esto traducido significa: Dependiendo de que lo que me interese me decanto por una cosa u otra.

Y este es precisamente el terreno más peligroso, cuando sabemos las cosas y las utilizamos en nuestro beneficio. En beneficio de la parte más cómoda de nosotros mismos. Esa parte a la que no le gustan los cambios ni tener que mirarse al espejo, esa parte que piensa que todo lo que nos ocurre es culpa de algo o alguien externo a nosotros.

En ese terreno por lo tanto corremos fácilmente el riesgo de acabar engañándonos y perder la oportunidad de aprender grandes lecciones que nos llevarían sin duda al siguiente nivel en nuestro crecimiento personal.

¿Casualidad o causalidad?

Y es que la ley de causa-efecto requiere compromiso, compromiso y valor para mirarse al espejo y reconocer ciertos aspectos de nuestra personalidad que normalmente ocultamos o pasamos por alto.

Son precisamente esos aspectos los que marcan la diferencia en nuestro camino. Cuando los tenemos en cuenta y actuamos en consecuencia desde la responsabilidad entonces empiezan a ocurrir cosas “mágicas” a nuestro alrededor.

Lo que ocurre es que la palabra responsabilidad nos da miedo. Y reconozco que mí el primero. Afortunadamente un día entendí que la responsabilidad no es un saco pesado lleno de culpas con el que tenemos que cargar sino la habilidad para responder (respons-abilidad) ante los retos de la vida.

Eso es precisamente lo que nos da un buen conocimiento de la ley de causa y efecto: la habilidad para responder ante las “casualidades” de la vida.

Cuanto mayor sea tu habilidad para responder a dichas circunstancias mayor será tu gestión emocional. Y cuanto mayor sea tu gestión emocional mayor será tu capacidad de gestionar para bien tus relaciones personales. Conocer las reglas de juego, por lo tanto, acaba haciendo que seas más feliz.

En la naturaleza, como en todo, hay una serie de reglas, de leyes. Y no es una cuestión de fe. Es una cuestión de observación. Y eso fue lo que hizo Albert Einstein con su descubrimiento de la teoría de la relatividad, observar. Como buen científico supo descifrar algunas de las claves más importantes del funcionamiento del universo. Una conocida frase suya podría resumir las conclusiones a las que llegó: “Dios no juega a los dados”.

En el universo no hay castigos

El conocimiento y comprensión profunda de esta ley nos libera de una terrible sensación de castigo cuando nos ocurren cosas desagradables. Una sensación que suele ir acompañada de la pregunta: ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?

En el universo no hay castigos ni venganzas. Las cosas ocurren dentro de un orden que muchas veces escapa a nuestra compresión pero se trata simplemente de efectos generados por causas. Es lógico pensar por tanto que si trabajamos con las causas adecuadas se irán generando los efectos deseados.

Gracias a esta ley manejaremos aquello que la vida nos ponga en el camino con otro talante y no como víctimas sometidas a los castigos del azar.
Entonces la pregunta que sustituirá a la anterior será: ¿qué tengo que aprender de esto? ¿qué causas he generado que han puesto esta realidad en mi vida?

¿Cómo funciona?

Las características básicas del funcionamiento de esta ley son tres:

  1. Causa y efecto se cumplen siempre.
  2. Causa y efecto son de la misma naturaleza.
  3. Causa y efecto son de la misma proporción.

Lo he simplificado mucho pero con estas tres premisas tenemos suficiente para observar nuestra vida desde otra perspectiva y sacar algunas conclusiones.

Si lo aplicamos a la naturaleza podemos comprobar que se cumplen. Si está lloviendo significa que hay nubes en el cielo. Y esto siempre es así. Y la lluvia y las nubes son de la misma naturaleza. Y si llueve mucho es que esas nubes contienen mucha agua ¿verdad? Lluvia y nubes son proporcionales.

Si voy dando un paseo por el campo y me encuentro un manzano significa que hubo una semilla bajo tierra. Siempre que hay manzano hubo semilla antes. Y esa semilla no es de una pera, es de una manzana, por lo tanto misma naturaleza. Y si me encuentro varios manzanos significa que hubo varias semillas. Misma proporción.

Así podríamos observar un montón de ejemplos en la naturaleza. Y nosotros somos también parte de esa naturaleza. Ese mismo esquema es el que debemos seguir a la hora de sacar conclusiones en nuestra vida cotidiana.

Ahora bien, ¿cómo podemos llevar esto al campo de nuestras relaciones personales?

Eso es precisamente lo que trataremos en el seminario intensivo “El Código del Amor” El día 28 y 29 de Septiembre en Valladolid al que desde aquí os invitamos a participar y vivir un intenso fin de semana con nosotros.

En este enlace puedes ver toda la información sobre la temática y los ponentes:

http://institutodeloptimismo.com/talleres-presenciales/

El conocimiento de esta ley nos conduce inevitablemente a la gratitud. Nos lleva a agradecer todo aquello que llega a nuestra vida y que nos hace crecer revelándonos el camino a seguir. Nos lleva a darnos cuenta de que aún en las más noches más oscuras se oculta una semilla de luz. La luz que alumbrará un nuevo despertar.

Os dejo con una reflexión de Mata Amritanandamayi Devi, (Amma), una conocida guía espiritual de la India reconocida mundialmente por su enorme obra caritativa y reverenciada por algunos como un Mahatma (Gran alma) o como una santa viva.

mahatma

“Una cosa es segura: Sólo experimentamos los frutos de los que lo hemos hecho. Nunca podemos evitarlo. Si se suelta un ternero entre mil vacas, encontrará a su madre e irá hasta ella. Del mismo modo, los frutos de nuestras acciones nos llegarán a nosotros, y sólo a nosotros.

Una acción no es sólo lo que hacemos con las manos y los pies. Los pensamientos también son acciones. Hablar mal de otros es una acción negativa cuya consecuencia es sufrimiento.

Pero cuando sufrimos no debemos lamentarnos pensando que somos pecadores. Comprendiendo que ahora estamos experimentando los frutos de nuestras acciones pasadas negativas y que no debemos repetirlas, tenemos que tomar la decisión de llenar de acciones positivas el resto de momentos de nuestra vida.”

 

xarles XARLES GONZÁLEZ, Conferenciante, Coach y Motivador. Creador de la Fórmula del Optimismo. Especialista en gestión emocional y coaching wingwave. 

 

nota: Espero que hayas disfrutado mucho de este artículo de mi amigo Xarles, y que te animes, si te es posible, a participar en este evento del Código del Amor que se celebrará en Valladolid el 28 y 29 de Septiembre. ¡Un gran abrazo!
Naylín

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Naylín Núñez

Sobre Naylín Núñez

Soy Naylín Núñez, creadora de este blog de yoga para principiantes, destinado a las personas que quieren conectar con la salud de su cuerpo y la paz de su mente. Cada artículo que publico está lleno de amor, y lo hago pensando en ti, en lo mejor que puedo darte, mostrarte o guiarte para que tus inicios en esta ancestral práctica sean tan maravillosos como mereces.

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