APEGO, EGO, EGO, EGO

(POSESIVIDAD, DEPENDENCIA, MIEDO, CELOS, AGRESIVIDAD)

Hay que ver cuánta tinta y horas de locución ocupan en los medios de comunicación la violencia y la agresividad. Incluso podemos ver cómo esto se ha convertido en una manera de ocupar nuestro tiempo de ocio visionando películas o leyendo libros que narran continuamente estas “actitudes”. De tanto hablar de ello, se ha banalizado hasta tal punto, que está peor visto el sexo (en sus vertientes eróticas y/o pornográficas) que acabar con la vida de alguien (legal o ilegalmente, que depende de quien “administre” la legalidad). Ocultamos los juegos y los juguetes eróticos en tugurios oscuros y horas intempestivas pero casi lo primero que regalamos a un niño es una pistola o una espada…

apegoEn la raíz misma de nuestra naturaleza humana está la posesividad y por lo tanto, el apego. En el momento mismo en que se nos despoja del amor incondicional en el que hemos tenido la suerte de venir al mundo (los que hayamos tenido esa “suerte”, que los hay que no) y se nos ponen “condiciones” para ser amado, tenido en cuenta, atendido, y por lo tanto para sobrevivir, dada nuestra dependencia los primeros años de vida, caemos en la trampa de la egoicidad, la expresión del EGO.

El EGO es el ente que se construye cuando nos sentimos “separados” del SER que somos, cuando perdemos la percepción de UNIDAD (cuando nos tenemos que “ganar las lentejas”, emocionalmente, sobrevivir, etc.). Es ese EGO lo que nos da cierta “seguridad” o identidad de lo que somos, mejor dicho, de lo creemos ser. Pero como no es cierto, necesita autoafirmarse con los demás… Y ya nos empezamos a complicar la vida unos a otros. Como no estoy seguro de mí mismo, la necesidad que tengo de seguridad me hará buscar en los demás esa seguridad. Y mi tranquilidad depende de conseguir que los demás contribuyan a ello. Por eso busco el “respeto” de los demás cuando la mayor parte de las veces quiero que me tengan miedo. Necesito el reconocimiento de los demás porque no me fío ni de mí mismo… Quiero “tener” de todo (cosas, situaciones o circunstancias favorables, personas, personas…) para sentirme valioso, y como valgo mucho, así los demás me quieren…

El EGO es insaciable, nunca tiene bastante, siempre le falta algo. Y no solo eso, si algo puede suponer un riesgo para su posesión, se convierte en su enemigo, por lo tanto hay que aniquilarlo… El EGO, la egoicidad (el poder del EGO sobre la vida de uno) se expresa a través de la posesividad. La necesidad de poseer, de tener, de que tanto las cosas como las personas o los demás seres vivos “sean” de uno. Suena así como: “Es mi coche, es mi casa, es mi trabajo, mi pueblo o mi país, mi familia, mi mujer/marido, mis hijos…”. Al haber perdido nuestra identidad con nuestra verdadera esencia, el SER que somos, la “identidad con…” usurpa su puesto y nos hace identificarnos con cosas, con situaciones, con nombres, países, religiones o culturas, con personas…

Si considero que esa es mi identidad (falsa, pero es lo que mi mente ha construido) cualquier cosa que suponga una amenaza para ello, para la pérdida de mi identidad, es un gran peligro para mí. No puedo vivir sin identidad, sin saber o creer saber quién soy. Esto es inherente al ser humano, y seguramente a los primates y mamíferos superiores (delfines, ballenas, caballos?). Necesitamos saber quiénes somos. Cuando nos miramos en el espejo, o en el reflejo del agua, nos “reconocemos” como nosotros mismos y ahí mismo surge la pregunta sobre quiénes somos. Los demás seres vivos, bastante tienen con seguir los dictados de la Madre Naturaleza que los guía a través de los instintos. Pero si, como casi siempre ocurre, la mente ya se ha construido la idea (falsa) de ti mismo, te has identificado ya con esa idea (falsa) de tu mente y has perdido el sentido de lo que realmente eres (el SER que eres) cualquier cosa o situación que ponga en peligro esa identidad (falsa) de tu mente es una amenaza.

Y ahí entra en juego la posesividad. Cuanto más “tenga” y lo agarre mas fuerte, mejor, es lo que me dice mi mente, y le hago caso porque no me doy cuenta de que ya no soy el niño dependiente de que los demás me hagan caso, de que se ocupen de mí. No me doy cuenta de que mi felicidad y bienestar no depende de que estas personas estén en mi vida o de que aquellas otras salgan de ella. No me doy cuenta de que todo lo que necesito para ser feliz YA ESTÁ EN MI!!! De que soy un ser vivo completo, con capacidad y todo el derecho del mundo para ser feliz todo el tiempo. Cuando considero que para ser feliz necesito estar trabajando, tener familia, o novia, o una moto o irme al monte, o…, estoy entregando a quien sea o lo que sea, las llaves de mi vida, de mi felicidad. Y así nos va… En esa situación, no puedo “dejar” que la vida me arrebate la pareja, un amigo, el trabajo, mi coche… Y si ocurre, me enfado muchísimo, hasta me puedo volver violento proyectando mi sufrimiento en los demás…

apego

Muchas veces digo en clase: “Si algo o alguien te lo puede quitar, no es tuyo”. Una cosa es que tengas “papeles” que digan que es tuyo. Quizás deberías leer entre líneas y ver que lo que ese documento dice es que te dan la posibilidad de disfrutar o administrar de ese bien (cosas, personas, situaciones) durante un tiempo, pero ni siquiera te dan la fecha en la que vas a tener que dejarlo. Ni tan siquiera con eso que llamamos nuestra propia vida, ¿verdad? Te la dejan (el Universo, Dios, lo que uno quiera creer) durante un  tiempo pero no te dicen cuánto. Es la sociedad o la cultura o los  tiempos en que vives lo que dicen lo que se supone que ha de durar. Pero si te lo hacen devolver siendo un niño, aún siendo bebé. ¿A quién se lo reclamas? ¿Por qué crees que tenías derecho a “tenerlo” más tiempo? Y si eso es así con lo más sagrado, que es la vida, qué no será con todo lo demás, incluidas nuestras relaciones personales, familiares y afectivas.

Cuando construimos relaciones de dependencia emocional (“necesito” estar contigo para sentirme bien, para sentirme feliz), la posesividad mantenida a veces violentamente (física o psicológica, que es peor aún) es lo que mantiene “pegada” esa relación, es el pegamento que lo une… Pero el precio es muy alto, mucho sufrimiento, incluso en el peor de los casos, la vida. Los celos son la salsa de este cocido… La exclusividad, el ser la única persona con la que puedo ser feliz y a la que puedo hacerlo/a feliz, hacen que la expresión de la posesividad se vuelva absolutamente patológica y peligrosa incluso para la integridad física, porque como vemos demasiadas veces por desgracia, se acaba con la vida de las personas a las que se supone que uno ama. Sin que tenga nada que ver con el AMOR con mayúsculas del que hablamos en Yoga como nivel de Conciencia. Ese amor que es solo querer, que es solo posesión, propiedad (es mío/a) hace daño y no merece ese nombre.

La salida está en el reconocimiento de que somos seres completos, de que no necesitamos de nada ni de nadie para ser felices. Desde el conocimiento de lo que verdaderamente SOY, ese SER real, verdadero, Divino, ordeno mi vida para que encuentre satisfacción en lo que vivo a cada momento. Y sin necesitar nada, ni siquiera hacer feliz a alguien (otra necesidad camuflada de buena intención) decidiré con quién estar y cuánto estar, no porque lo necesite ni porque la otra persona me necesite a mí, sino porque ambos decidimos compartir un tramo del camino. Cuánto tramo, la Vida lo dirá. Haré lo posible para que cada momento sea un buen momento, para que cada situación sirva para aprender y crecer lo que cada uno pueda, pero nada ni nadie es mío. Cuanto más fuerte trate de agarrarlo, más daño me voy a hacer y le voy a hacer cuando la vida me lo quite. Nada ni nadie es mío.

Cuando aprendamos lo valioso que es SER en lugar de tener; cuando aprendamos que eso que tenemos (la oportunidad de disfrutar…) no es nuestro y que en cualquier momento lo tendremos que devolver; cuando aprendamos a vivir el ahora, el aquí y el así sin pedir nada a cambio, solo por SER, estaremos entrando en la plenitud, en la felicidad no dependiente, en el AMOR. Y nos habremos librado del poder del EGO en nuestra vida, nos habremos librado del apego, del miedo a no tener, y de la violencia que ejercemos para seguir aferrándonos a aquello que nos esclaviza.

Que todos los seres alcancemos la Realización, la Plenitud, la Felicidad.

QUE TODOS LOS SERES SEAMOS FELICES. OM SHANTI.

Kailas

Kailas

Sobre Kailas

Kailas, Profesor de yoga desde hace más de 26 años. Lleva la Escuela de Yoga Kailas en Vigo, siguiendo las indicaciones del Maestro Madhavacharya y el sistema de enseñanza “Sanatana Dharma”. Amante del mar, la vela, la navegación sencilla, en silencio...

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